Crónica II - De Tinerhir a Taouz


Al día siguiente salimos por la carretera que lleva a Boulmanes, pero enseguida cogimos pista a la izquierda para ir al pueblo de Iknioun.
Pista fácil, rápida, que en menos de tres horas nos permitió llegar. 
Era el punto de unión para tomar la pista que nos llevaría a Alnif. Este recorrido según Gandini, nuestro proveedor habitual de los recorridos, es de las rutas más difíciles que hay en Marruecos. 
Nos adentramos en la zona norte de las montañas Saghro.

Montes Saghro
A unos 20 kilómetros nos encontramos una pista del antiguo protectorado francés. Solo queda de ella las grandes piedras que sirvieron de base para la calzada que sube al jebel Ouenessir. 
Empezamos la subida pero al poco tiempo paramos y preferimos hacerla a pie para inspeccionar su dificultad.
Pista por los montes Saghro
Había un par de zonas donde era necesario el relleno con piedras para pasar y el resto muy piano, piano.
No he comentado que Adela, este día, había recogido el testigo de Pedro y era ella quien llevaba colitis y flojera de fuerzas.
Todo ello nos hizo desistir de la ruta prevista y tomar la pista de la izquierda que salía al inicio de la subida.

Cumbreando

Otra pista por los Saghro

Parada de descanso













La ruta elegida se unía al final con la que habíamos dejado y prácticamente salía en el punto donde se firmo la rendición de la tribu de los Atta a los franceses. Esta tribu fue la más guerrera y orgullosa de las tribus bereberes y les dió verdaderos dolores de cabeza a las tropas francesas. Hoy es un grupo muy pobre y con aspecto de casi mendigos.
Bajando de los Saghro

Al paso de un puerto paramos para comer y como el terreno es pura piedra sin árboles, volvimos a usar el toldo. 
Pensamos que dormiríamos en la ruta pero al facilitarla y Adela no acabar de estar bien, preferimos llegar a Alnif y buscar un albergue.
Lo encontramos cerca del pueblo, Los Meteoritos. Adela se acostó enseguida, también con fiebre y le dimos el correspondiente arroz y manzana, a parte de alguna excelsa medicina que siempre lleva en su amplio botiquín.


Por la mañana se encontraba mejor y con renovados ánimos partimos a hacer una típica ruta subsahariana de unos 250 kilómetros que une Alnif con Taouz.
Visita de las tumbas

Nuestra primera parada fue para ver los restos de tumbas preislámicas, seguramente cuando la zona 
del Sahara todavía tenía agua, vegetación y fauna,
la cual hoy se encuentra por el Africa central.

Continuamos la ruta con buen ritmo y llegamos a un buen punto de vivac donde pensábamos comer, pero al bajar un fuerte viento caliente, aderezado con ciertos granos de arena, nos dijo que mejor buscar algún lugar más protegido.

Eso hicimos y llegamos al albergue del
Oasis Maherch, famoso y situado en el foum (estrecho paso entre montañas) de El Maherch.
Es curioso como por la fama de este albergue han crecido a su alrededor otros, cuyos nombres son muy parecidos, pero hay acaba toda la posible comparación.
Comimos y Adela pudo descansar, bueno, todos nos echamos en sus asientos corridos de cemento sobre
almohadones y dormimos un rato.
A media tarde, renunciando a dormir en el albergue, nos fuimos hacia el oued (río) donde conocíamos un buen sitio de vivac, pues nos daba un poco de vergüenza que todavía no hubiéramos abierto las tiendas de dormir.
Foum El Maherch

Cruzamos el oued y en la otra orilla buscamos sitios para acampar pero, en todos, el fuerte viento nos lo impedía.
La cercanía del anochecer nos aconsejo que volviéramos al foum  donde, resguardados por las montañas, no tendríamos vientos. Le hicimos caso y al lado del albergue pusimos nuestro campamento.
Si las sobremesas en estas correrías por pistas son un momento excelente, las sobrecenas, a la luz de luna y estrellas, son mejores.

A la mañana temprano, con el buen regusto de la dormida, partimos para seguir esta gran ruta.
A la salida del foum torcimos a izquierda y remontamos el río Rheris. Lo cruzamos bastante al norte y después de un divertido paso de dunas llegamos a la Ciudad Perdida.
La Ciudad Perdida

La Ciudad Perdida, vista general
Según los lugareños, el sitio fue abandonado hace mucho tiempo, pues después de fuertes y duraderas lluvias, se formó un gran lago a sus pies y dio lugar a la aparición de mosquitos. Sospecho que incluso con ellos pudo llegar la malaria.

Seguimos ruta hasta la hora de comer, donde obligados por el calor buscamos la salvadora acacia sahariana.
Acacia sahariana

Para ellos también










 Y seguimos ruta por paisajes que crean mono, sobre todo cuando vuelves a casa.

Ver abajo derecha el coche, para hacerse idea de las magnitudes
Llegamos a zonas de minas de piritas y plomo, donde el terreno es duro como buena zona de minerales.
Antiguas casas de mineros

Pista bajando de las minas
En la bajada de las minas la pista nos hace pasar buenos momentos por sus vistas y conducción técnica.

Al salir de esta zona tendremos que pasar una zona de dunas y atentos a navegación pues no hay referencias.
Seguimos rastros y veo que nos alejamos de la zona de paso pero aunque estamos sobre arena la marcha es fácil y la dirección buena.
Después de una curva y en medio de una gran recta arenosa hay dos coches de unos franceses con los que nos vemos desde hace un par de días.


Es claro que se han quedado atrapados.
Nos hacen señas y paramos un poco antes de llegar por mosqueo a que a su altura el suelo sea blando y atrapón.
Nos reciben con gran alegría pues no hay cobertura de teléfono y ya pensaban en dormir en medio del camino.
Tiramos de cabrestante y los liberamos facilmente.
Ya todos juntos buscamos en un 'to tieso' la salida para tomar alguna pista que nos lleve hasta Taouz.
La encontramos y anocheciendo llegamos al pueblo.

A su entrada paramos para despedirnos y el francés que iba solo en un coche nos dice que es el dueño del albergue 'Les Portes del Desert' y que le gustaría invitarnos a cenar y dormir.
Les damos las gracias y les aceptamos la cena pero la dormida es excesivo y la pagaremos nosotros.
De esta forma acabamos en dicho albergue.

Desayuno en el albergue

Nos dijeron: "Ahora primero unas cervezas, luego ducha, después aperitivo (muy francés, pues era con el típico anisado, el cual muy frío entraba  demasiado bien), y depués la cena.
Todo excelente, pero acabamos sobre las doce de la noche. Pedro y Adela se caían de sueño.






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