Crónica I - El inicio y el Atlas

El viaje empezó en la ciudad de Jerez de la Frontera donde habíamos quedado con nuestros compañeros de viaje Piedad y Pedro.
Visita a la misma con cena a base de excelentes tapas.
A la mañana siguiente salimos para Tarifa, donde embarcamos hacia Tanger.
Pasamos la frontera en un suspiro. Algo de cambio de moneda en la misma y llenado de combustible (en Marruecoa el gasoil está casi a un 40% menos que en España).
Directamente a Rabat. Visitamos la ciudad esa tarde y en la mañana siguiente, pues ni Piedad ni Pedro la conocían.
La visita a la kasba de los Oudayas, con la vista del mar y de la ciudad de Sale enfrente, así como a su Medina, sigue pareciendome lo mejor de ver. Por lo demás, como siempre en todas las ciudades grandes, enseguida me siento invitado a abandonarlas.
Después de la visita, tranquilamente, partimos para Midelt, donde dormiríamos en el Riad Villa de Midelt, pequeño, de trato exquisito y habitaciones grandes y acogedoras. Visitamos la Misión Católica, de raíces francesas pero donde hay un monje español, con la idea de dejar dos grandes cajas de ropa de abrigo para que la distribuyeran (Piedad se encargó de recoger ropa nueva y de abrigo en Vitoria entre amistades y empresas para bajarlas en este viaje).
Ni un hueco. Revisando la carga.
Las cajas de ropa











 En la mañana Pedro se levantó con serios problemas de colitis.
Solo un té de desayuno, para él claro, y bromas sobre que le ha pasado pues normalmente sus problemas de tripas son al final de los viajes.

Salimos para hacer la primera parte de las rutas, las cuales corresponden al Atlas occidental.
Para ello abandonamos a unos 60 kms de la salida la carretera que baja hacia El Rachidia y nos llegamos al pueblo de Tazrouft. Queríamos visitar el pueblo pues su modelo de construcción es beréber sahariano y ello es una curiosidad en el Atlas. También íbamos a visitar su 'Zawiya' (es una zona de aguas normalmente cerca de la mezquita), así como su palmeral.

Tazrouft

Tazrouft detalle del secado del maíz













Paramos justo a la entrada y preguntamos por la Zawiya. El anciano que nos atendía (tuvimos problemas de idioma) nos dijo que era por la otra parte del pueblo a más de un kilómetro y que mejor fuéramos con los coches y nos guiara la persona que se había incorporado a la conversación. Otro anciano, aunque un poco menos.
Nos llevó, nos pidió dejar los coches y seguir andando. Viendo que nos alejábamos del pueblo y su palmeral y tomábamos una senda montaña arriba, le pregunté para confirmar si íbamos a la 'zawiya'.
Sí, sí, fue su respuesta.
¿Cuanto queda?, unos 2 kms.
Se lo dije a Pedro y como iba muy afectado por su noche de colitis, prefirió volverse a los coches.
Seguimos y seguimos y Piedad y Adela decidieron volverse, pues siempre faltaba poco.
El guia y yo subimos la montaña Maoutfoudy y llegamos a un circo que hay en las últimas estribaciones.
Yo ya estaba un poco mosqueado pues hasta el cauce del río había desaparecido, cuando el guia me pidió descansar un poco. Le pregunté si faltaba mucho y me señaló con el dedo un área que estaba a unos 200 metros. le dije que esperase y yo terminaba de verlo.
Mi guia

La entrada de la cueva
Cuando llegué solo vi rocas. En esto oí al guía que me llamaba y me indicaba que era a mi derecha, mientras él se dirigía al lugar.
Llegamos al tiempo a una boca de cueva y me dijo: "la zawiya. Si entramos a la cueva en un kilómetro está el lago de agua que abastece el palmeral".
Se necesita luz para entrar y las ganas de hacerlo, cosas que yo no tenía en ese momento, así que le dije que mejor nos volvíamos pues se hacía tarde. Otra vez será.

Cuando llegué a donde estaba Pedro, le encontré con pocas fuerzas y él mismo nos pidió renunciar a la ruta por la pista de montaña e intentar llegar por carretera a algún hotel donde dormir.

Por ello volvimos a salir a la carretera, al pueblo de Rich, y desde allí volver a entrar a la zona del Atlas al pueblo de Amougueur. Este se encontraba engalanado y recién pintado pues estaba anunciado el paso del actual rey de Marruecos.
entrada al pueblo de Amougueur

Tomamos la carretera hacia Tinarhir.
Paramos en el albergue de Moha Ousri, muy 'castizo', tanto que a Pedro no le convenció sus instalaciones. Seguimos.
Pasamos las impresionantes Gargantas de Gheris y en medio de ellas el pueblo de Ifrane n’Imider. Una maravilla de antigua aldea, casi intacta, y en parte protegida por un inmenso dosel del acantilado.
Merece la pena la visita.
Continuamos el camino y antes de las famosas Gargantas de Todra, paramos en un albergue que reunía buenas condiciones. Anochecía.
Pedro se acostó nada más llegar y con fiebre. Piedad y Adela se encargaron de su medicación y cuidados a base de arroz y manzana.
Al día siguiente se levantó más fortalecido y pudo desayunar algo sólido.
Tranquilos y despacio salimos para Tinerhir, parando para dar un paseo por las Gargantas de Todra.

Nos dimos un capricho y nos instalamos en el Hotel Saghro, situado en lo alto de la colina que domina Tinerhir.
Durante la mañana paseamos por el pueblo, hicimos compras y visitamos un centro de confección de alfombras.

Ksar antiguo

Palmeral de Tinerhir

Hotel Saghro

Habitación del Saghro

Nos alejamos del pueblo para comer tranquilamente en medio de la nada; instalamos el toldo para sombra y disfrutamos de una sobremesa de más de dos horas.
En cualquier sitio se puede comer

Sobremesa con café

Detalle del toldo
Empezamos a notar que la agradable temperatura encontrada en el Atlas la habíamos dejado atrás y en las zonas del predesierto ya empezaba a hacer calor.
Por la tarde, descanso en el hotel, recuperación de fuerzas y practicas con los dispositivos y sus wifis para comunicarse con las familias.


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